En Colombia se definió el desarrollo sostenible como:
“el que conduzca al crecimiento económico, a la elevación de la calidad de la vida y
al bienestar social, sin agotar la base de recursos naturales renovables en que se
sustenta, ni deteriorar el medio ambiente o el derecho de las generaciones futuras
a utilizarlo para la satisfacción de sus propias necesidades” (Ley 99 de 1993, artículo
3).
En la actualidad, la idea que tiende a aceptarse en todo el mundo es que los
problemas del medio ambiente son los problemas de desarrollo y que la meta del
desarrollo sostenible debe ser la de conciliar el crecimiento económico para la
población en general, presente y futura, con la renovabilidad de los recursos,
proceso que implica cambios políticos, económicos, fiscales, industriales y de
manejo de los recursos naturales, bióticos y energéticos.
Hoy, partiendo de ciertos postulados comunes, se dice que si bien la sostenibilidad
implica lo ecológico, lo económico y la diversidad cultural, las expresiones de
desarrollo sostenible son diversas en cada lugar, tanto por las diferencias biofísicas
como por las diferencias culturales. El cómo lograrlo, es decir, la estrategia a seguir
debe ser definida por cada proceso social particular (GONZÁLEZ, 1997).
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